Por: Gabriela Castillo Solano “El que sí toma nota”
A diferencia de quienes lamentan que Carlos Manzo “no lo verá”, hay millones que sí lo están viendo: el cambio de fondo, la respuesta estructural, la transformación que no se improvisa ni se decreta en una mañanera, sino que se construye con visión, con estrategia y, sí, con dolorosas lecciones.
Porque lo cierto es que el plan anunciado por la presidenta Claudia Sheinbaum no es una reacción tardía, sino una respuesta integral a una crisis que lleva décadas incubándose en Michoacán. Y aunque algunos prefieran medir la eficacia de un gobierno por la inmediatez de sus declaraciones, otros entendemos que la seguridad no se decreta: se diseña, se articula y se sostiene.
¿Tarde? No. A tiempo para cambiar el rumbo
Carlos Manzo alzó la voz, y su voz no cayó en saco roto. El plan para Michoacán incluye exactamente lo que él pedía —y más:
- Refuerzo de fuerzas federales contra homicidio y extorsión.
- Fiscalía especializada en delitos de alto impacto.
- Oficinas presidenciales en municipios clave.
- Mesas de seguridad quincenales.
- Sistema de alerta para alcaldes.
- Fortalecimiento de la denuncia anónima.
¿Es trágico que no lo haya visto en vida? Por supuesto.
¿Significa eso que el gobierno no actuó? No. Significa que ahora se actúa con más fuerza, con más claridad y con más respaldo político.
¿Y los programas sociales? Siguen siendo la base
Mientras algunos medios intentan vincular el crimen con el “fracaso” de programas como las Becas Benito Juárez o Jóvenes Construyendo el Futuro, los datos dicen otra cosa: - Más de 11 millones de jóvenes han sido beneficiados.
- La deserción escolar ha disminuido en zonas de alta marginación.
- Miles de jóvenes han encontrado empleo formal tras su capacitación.
¿Que un joven de 17 años cometió un crimen? Sí.
¿Eso invalida los programas? No más de lo que un médico corrupto invalida todo el sistema de salud.
Qué bueno que ahora sí lo verán
Porque lo que se está construyendo no es una respuesta mediática, sino una política de Estado.
Porque la seguridad no se resuelve con frases lapidarias, sino con inversión, coordinación y justicia social.
Porque los hijos de Carlos Manzo —y los de miles de familias michoacanas— merecen crecer en un estado donde no haya que suplicar protección, sino ejercerla como derecho.
Y porque, aunque él no lo vea, su lucha no fue en vano.
Hoy, gracias a su voz, hay un plan.
Y gracias al gobierno federal, hay voluntad para cumplirlo.
